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domingo, 23 de enero de 2011

El ratón de campo y el ratón de ciudad

Érase que se era un ratoncito que vivía feliz en el campo, donde salía a pasear todas la mañans, y mientras paseaba, recogía su comida, pequeñas semillas, frutos secos...
Un día recibió una carta en la que su primo, que vivía en la ciudad, le anunciaba su visita.
 El ratón de ciudad, se pasaba el día hablando maravillas de la ciudad, y de todas la cosas que había en ella, de cuanta comida disponía y de las miles de cosas extrañas que coleccionaba en su casa: cucharas, alfileres, lapices de colores..., cosas de las que el ratoncito de campo no había oído ni hablar.
El ratón de ciudad acabó cansándose del campo, pues decía aburrirse de no hacer nada en todo el día si no pasear y buscar comida.
Acabó convenciendo al ratoncito de campo para que viajara con el a la ciudad.
Hicieron el viaje, y nada más llegar empezaron los primeros sobresaltos. El ratoncito de campo casi es atropeyado por un coche al intentar cruzar una calle. Cuando llegó a la acera casi lo pisa un señor con su enorme zapato, por poco no le cae un bolso de una señora a la que se le había escurrido de la mano...
Cuando por fin consiguieron llegar a la casa nuestro ratoncito estaba mareado y sin aliento, y tuvo que sentarse un rato para poder recuperarse de tanto lio.
Su primo le propuso ir a buscar comida a la despensa de la casa y así lo hicieron, pero no le había contado que en la casa había un enorme gato del que tenían que esconderse porque vigilaba la cocina y le encantaba cazar ratones. En menos que canta un gallo se vieron perseguidos por el gato y tuvieron que correr a esconderse en la madriguera, sin haber conseguido la comida. Nuestro ratón de campo estaba exausto de tanto susto y tanta carrera, y le dijo a su primo: Prefiero mil veces mi humilde madriguera, que jugarme la vida a cada instante en la ciudad.
El ratoncito volvió al campo y a su tranquila vida con sus amigos, pero no volvió sólo, porque su primo se dio cuenta de la verdad de sus palabras y también se fue al campo. Allí vivieron felices y tranquilos el resto de sus días, disfrutando de la naturaleza y de todo lo que ella nos regala.

Moraleja:
"más vale una vida modesta en paz y sosiego que todo el lujo del mundo con peligros y preocupaciones".

Fábula atribuída a Esopo